PARADISO
Entramos con las pruebas en los bolsillos,
Con la pista rodeada de balcones de opera e imágenes gigantes,
Empezamos a subir las escaleras, y en veinte minutos –
Ya nos habíamos ido...
Al ritmo de “The Roots” las notas musicales me penetraban en la atmósfera,
Y la gravedad ya no podía afectarme – Sólo la emoción más viva vibraba desde el fondo de mi estómago hasta la punta de mis dedos dormidos.
El único sentimiento posible era el amor.
Era otro mundo con un sentimiento de otro mundo.
Era alcanzar la felicidad en su punto más alto.
Era encontrar esa pieza que te faltaba en la cabeza para comprender...
Nada importaba, sólo tú, yo y el sentimiento.
Y el resto, compañeros cercanos pero distantes de otras épocas, paralizados desfilando como en una sesión fotográfica.
Las burbujas no son buenas amigas...
Siento que desvanezco, cuando mis piernas logran avanzar contra el peligro de la secuencia temporal y los sonidos en movimiento.
Mi boca apenas logra pronunciar su nombre y la compro al precio más alto de mi vida...
Obsevando la uña acrílica que señala el monitor, resaltando una imagen fija ante el entorno cambiante.... Sí, era la mejor de mi vida!
Expulso todo fuera de mí y allí te encuentro,
Haciéndome consciente de la felicidad.
"Aquí estamos" me dijiste, "como siempre lo soñamos."
El sentimiento salía de nuestros poros para jalar nuestros cachetes y mantener la sonrisa permanente en nuestras caras,
Y todo giraba alrededor de las caricias más puras y sublimes
Y las declaraciones de amor más auténticas....
Ante los violines rockeros y los manjares expuestos,
Salimos a calles alumbradas por la mañana fresca, seguíamos hipnotizados..
Dejando atrás motorizados puertorriqueños, encontramos nuevos amigos que ya estaban perdidos...
En la segunda huída, seguimos... Y entre pestañas de escarcha en mi cara, por efectos del murciélago, y la energía perdida, intentamos volver al otro lado del tranvía.
Sin rumbo, ni dirección, sólo pudimos agacharnos, colocando nuestras manos en las barandas...
Con la brisa liviana penetrando por nuestros ojos a través de las rendijas,
Contemplamos extasiados el horizonte reflejado en las aguas de los canales amigos.
Sólo queda ahora el recuerdo de aquel mundo de ensueños,
sabiendo siempre que “ La nuit n’est pas un chocolat!”
Con la pista rodeada de balcones de opera e imágenes gigantes,
Empezamos a subir las escaleras, y en veinte minutos –
Ya nos habíamos ido...
Al ritmo de “The Roots” las notas musicales me penetraban en la atmósfera,
Y la gravedad ya no podía afectarme – Sólo la emoción más viva vibraba desde el fondo de mi estómago hasta la punta de mis dedos dormidos.
El único sentimiento posible era el amor.
Era otro mundo con un sentimiento de otro mundo.
Era alcanzar la felicidad en su punto más alto.
Era encontrar esa pieza que te faltaba en la cabeza para comprender...
Nada importaba, sólo tú, yo y el sentimiento.
Y el resto, compañeros cercanos pero distantes de otras épocas, paralizados desfilando como en una sesión fotográfica.
Las burbujas no son buenas amigas...
Siento que desvanezco, cuando mis piernas logran avanzar contra el peligro de la secuencia temporal y los sonidos en movimiento.
Mi boca apenas logra pronunciar su nombre y la compro al precio más alto de mi vida...
Obsevando la uña acrílica que señala el monitor, resaltando una imagen fija ante el entorno cambiante.... Sí, era la mejor de mi vida!
Expulso todo fuera de mí y allí te encuentro,
Haciéndome consciente de la felicidad.
"Aquí estamos" me dijiste, "como siempre lo soñamos."
El sentimiento salía de nuestros poros para jalar nuestros cachetes y mantener la sonrisa permanente en nuestras caras,
Y todo giraba alrededor de las caricias más puras y sublimes
Y las declaraciones de amor más auténticas....
Ante los violines rockeros y los manjares expuestos,
Salimos a calles alumbradas por la mañana fresca, seguíamos hipnotizados..
Dejando atrás motorizados puertorriqueños, encontramos nuevos amigos que ya estaban perdidos...
En la segunda huída, seguimos... Y entre pestañas de escarcha en mi cara, por efectos del murciélago, y la energía perdida, intentamos volver al otro lado del tranvía.
Sin rumbo, ni dirección, sólo pudimos agacharnos, colocando nuestras manos en las barandas...
Con la brisa liviana penetrando por nuestros ojos a través de las rendijas,
Contemplamos extasiados el horizonte reflejado en las aguas de los canales amigos.
Sólo queda ahora el recuerdo de aquel mundo de ensueños,
sabiendo siempre que “ La nuit n’est pas un chocolat!”

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